Así como cuando entras al baño corriendo, con cualquier
excusa, pasas el seguro a la puerta, y te acuestas en el suelo mientras el agua de tus lágrimas recorre tus mejillas, y te maldices por amarlo tanto, por dejar que los comentarios de la gente te afecten, te maldices por ser gorda, por no ser lo suficientemente perfecta como quiere la sociedad. En medio de la tormenta, coges una cuchilla y rápidamente te atrae la idea de ponerla en contacto con la piel, y así lo haces, la clavas con fuerza en tu muñeca y de repente la tiras al suelo, te levantas, miras tu cara manchada de maquillaje, miras tu mano y la alfombra que ha sido manchada de sangre. Miras a tus ojos y te preguntas ''¿Quién soy?''. Te prometes no volver hacerlo. Y ahora, dos años mas tarde, ya se ha convertido en rutina.
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